Mucha gente tiene el hábito de decir, “soy diabético” o “soy hipertenso”, etc.
Cuando dices “ Yo soy …” entonces eres dueño de la enfermedad, haces que la enfermedad sea una parte de ti mismo, se convierte en tu identidad.
Otro ejemplo clásico que la mayoría de la gente tiene la costumbre de decir es:
“Estoy sufriendo de …”
Esta es una declaración extremadamente dañina.
Estás asociando “sufrimiento” con tu enfermedad. Estás constantemente invitando a la miseria con él.


¿QUÉ DEBERÍAS DECIR?
Estoy atravesando la condición de diabetes o hipertensión.
Cuando dices, “Pasando por la Condición …” simplemente significa que estás en un *Viaje*, que eventualmente llegará a un *Fin*. Al agregar “Condición”, estás diciendo que Cambiará.
¿POR QUÉ ES IMPORTANTE?
Las palabras tienen poder. Las palabras llevan vibración. Estas vibraciones están conectadas directamente con tu mente subconsciente.
Te conviertes en lo que dices. La manifestación ocurre basada en lo que alimenta a tu mente subconsciente.
Cuando pensamientos buenos / positivos, palabras buenas / positivas y acciones buenas / positivas, alimentan a la mente subconsciente, se manifiesta en situaciones positivas.
Así que, sean conscientes de lo que piensan y de las palabras que hablan. El poder del verbo.
Como dice la frase, “para muestra, un botón”.
Les comparto esta historia, para ejemplificar como el poder de las palabras es tan grande, que la mente se sugestiona y puede otorgar el destino; ya sea, lleno de sufrimiento ó de esperanza y felicidad.
La siguiente historia se llama:
Hasta la Ultima Gota de Sangre
Un científico de Phoenix – Arizona quería probar esa teoría y necesitaba un voluntario que llegara a las últimas consecuencias. Logró uno en una penitenciaría, era un condenado a muerte que sería ejecutado en la penitenciaría de St Louis en el estado de Misuri donde existe la pena de muerte ejecutada en silla eléctrica.
Le propuso lo siguiente: participaría en una experiencia científica en la que se haría un pequeño corte en su muñeca, lo suficiente para gotear su sangre hasta el final. Él tendría una oportunidad de sobrevivir si la sangre coagula y si eso pasara, sería liberado; de lo contrario, moriría por la pérdida de sangre, pero tendría una muerte sin sufrimiento y sin dolor.
El condenado aceptó, pues era preferible de esta forma que morir en la silla eléctrica. El condenado fue entonces colocado en una cama alta, de esas de hospital, teniendo su cuerpo inmovilizado. Le hicieron un corte pequeño en la muñeca y debajo de la muñeca se colocó una pequeña vasija de aluminio.
Le dijeron que él escucharía el goteo de su sangre en la vasija. El corte fue superficial y no alcanzó ninguna arteria o vena siendo suficiente para que sintiera que su muñeca se cortó. Sin que él supiera, debajo de la cama había un frasco de suero con una pequeña válvula, al cortar la muñeca abrieron la válvula del frasco para que creyera que el sonido del goteo era su sangre que estaba cayendo en la vasija de aluminio (cuando en la La verdad era el suero del frasco).
Cada 10 minutos, el científico, sin que el condenado lo viera, cerraba un poco la válvula del frasco y el goteo disminuyó. El condenado creía que era su sangre la que estaba disminuyendo y con el paso del tiempo fue perdiendo el color y quedando cada vez más pálido.
Cuando el científico cerró por completo la válvula el condenado tuvo un paro cardíaco y falleció sin haber perdido siquiera una gota de sangre.
El científico ha logrado probar que la mente humana cumple, al pie de la letra, todo lo que se le envía y acepta por su huésped, ya sea algo positivo o negativo y que su acción involucra a todo el organismo tanto en la parte orgánica o psíquica.

′′Quien piensa en fracasar, ya fracasó, antes de intentarlo”
“Quien cree estar en enfermo, enferma. Quien esta enfermo, lo acepta. Y quien acepta su enfermedad, la enfermedad lo consume”